
Cuando recuerdo mi infancia pienso en la felicidad de ser que había en mi. Todo sorpresas y alegrias, todo fascinacion y atesoramiento; en fin aquello de ser inocente es estar en el paraiso, pues simpre estas feliz, y cual es si no la meta más codiciada del ser humano?
La felicidad y el estado de inocencia van de la mano, mi humilde opinion nace en optar por que la inocencia es el estado en el que no arrastras pasado (apegos, rencores, frustraciones, sombras de ser, anhelos, etc) y no esperas nada del futuro (no importa el destino, importa el viaje, el futuro no existe). Muchisimas filosofias religiosas y otras que dicen no serlo tanto, hablan de la importancia de vivir el aqui y el ahora, ya que el presente es el momento del verbo supremo , ese verbo SER que tiene tanto poder de realizacion. Para ser felices hay que Ser, Ser el momento, ser la ducha, ser la sonrisa, ser la lluvia, ser el trafico, ser el estudiante, ser la mamá, ser el calor, ser ese momento que es unico y extraordinario por que jamas nadie podra verlo y sentirlo como tu y solamente tu lo sientes.
¿Sabes quien eres?
¿Sabes por que estas aqui?
Parecen cursis, absurdas, reincidentes las preguntas de donde vengo y a donde voy, pero a mi me parece que hay que , de verdad ponerles enfoque y el Universo comenzara a hablarnos acerca de nuestro maravilloso Ser.
Unas preguntas que puedes hacerte para adentrarte a tu Ser esencial (ese que esta libre de los medios masivos de información, de educación, de tradiciones y de civilización) son:
¿Qué me hacía feliz en mi infancia?
¿Tenia algún miedo?
¿Que me hace sentir bien actualmente, que me produce la sensacion de fortaleza y bienestar?
¿A que le tengo miedo?
Llevando a cabo un anecdotario o un diario anotando sueños, pensamientos, escrituras automaticas, imagenes del mundo... es una manera de dedicar un momento a nosotros mismos, es muy importante darse un momento para hablarse asi mismo, para ir hacia dentro.
La felicidad y el estado de inocencia van de la mano, mi humilde opinion nace en optar por que la inocencia es el estado en el que no arrastras pasado (apegos, rencores, frustraciones, sombras de ser, anhelos, etc) y no esperas nada del futuro (no importa el destino, importa el viaje, el futuro no existe). Muchisimas filosofias religiosas y otras que dicen no serlo tanto, hablan de la importancia de vivir el aqui y el ahora, ya que el presente es el momento del verbo supremo , ese verbo SER que tiene tanto poder de realizacion. Para ser felices hay que Ser, Ser el momento, ser la ducha, ser la sonrisa, ser la lluvia, ser el trafico, ser el estudiante, ser la mamá, ser el calor, ser ese momento que es unico y extraordinario por que jamas nadie podra verlo y sentirlo como tu y solamente tu lo sientes.
¿Sabes quien eres?
¿Sabes por que estas aqui?
Parecen cursis, absurdas, reincidentes las preguntas de donde vengo y a donde voy, pero a mi me parece que hay que , de verdad ponerles enfoque y el Universo comenzara a hablarnos acerca de nuestro maravilloso Ser.
Unas preguntas que puedes hacerte para adentrarte a tu Ser esencial (ese que esta libre de los medios masivos de información, de educación, de tradiciones y de civilización) son:
¿Qué me hacía feliz en mi infancia?
¿Tenia algún miedo?
¿Que me hace sentir bien actualmente, que me produce la sensacion de fortaleza y bienestar?
¿A que le tengo miedo?
Llevando a cabo un anecdotario o un diario anotando sueños, pensamientos, escrituras automaticas, imagenes del mundo... es una manera de dedicar un momento a nosotros mismos, es muy importante darse un momento para hablarse asi mismo, para ir hacia dentro.

AUTO-OBSERVACIÓN
ResponderEliminarLa única vía para hacer un cambio real y permanente de la experiencia de vida, hacia mayores niveles de paz interior, respeto a los demás y al entorno, perfecta salud, excelentes relaciones de todo tipo y bienestar material, se encuentra en la auto-observación, herramienta que tiene su origen en la filosofía de Sócrates cuyo principio central era “Conócete a ti mismo”, frase esculpida en mármol a la entrada del Oráculo de Delfos, a la cual más tarde se le agregó:
“Y conocerás a Dios”... Otros dicen que decía, “Y conocerás a tu dios”.
Sentir es una maravillosa cualidad natural del diseño divino del ser humano. Sin embargo, la mayoría de los sentimientos y/o emociones son tan aprendidos como el sistema de creencias. Sólo mediante la auto-observación objetiva podemos distinguir entre las emociones negativas auto-infligidas y aquellas que nos conectan, nos unen con los demás, con toda la Creación. Esa es la manera como abrimos nuestro corazón a una expresión más elevada, más expansiva, más vital.
A uno de los grandes sufís, un discípulo le preguntó como había logrado su evidente auto-percepción y su respuesta fue: “Aprendí viendo a mi gato cazar ratones”. La auto-observación es un ejercicio bastante mental en cuanto a la condición neutra que requiere. Se trata de crear un nuevo ente, que podríamos llamar el observador interno, un “alguien” que mira muy atento cómo pasa, sin perderse escena ni detalle, la película de nuestra vida como si fuese la vida de otro, sin juzgar, sólo observando, hasta alcanzar un nivel de des-identificación que nos permita ser objetivos.
Para que sea eficaz, de la auto-observación hay que excluir la auto-condenación (latigarnos no sirve para nada), la auto-consiferación (vernos como víctimas de los eventos externos) y la auto-justificación (echarle la culpa a algo o a alguien y no asumir mi responsabilidad). Sólo así empieza a ser objetiva la auto-observación. Sólo así tiene alguna utilidad.
Hemos venido compartiendo también que el proceso de crecer en consciencia de sí mismo, puede ser desde muy doloroso hasta muy divertido y que ello depende de uno mismo; de la actitud que le ponga al ejercicio. Aprender a reírse de uno mismo es de gran utilidad. Quien se toma muy en serio y se cree la gran cosa es el ego. Burlarse de él lo mata. Mata la auto-importancia que sólo sirve para meternos en líos. Alguien decía que si, llegando al mediodía todavía no nos habíamos reído de nosotros ni una vez, se estaba perdiendo el día. Reírse trae, además, mucha salud. Ya es algo aceptado hasta por la ciencia. Si la salud es asunto de vitalidad en cuanto a energía, realmente no importa de qué medio nos valgamos para reírnos de nosotros mismos. En este caso pues, se logran dos importantes objetivos a la vez: ubicar al ego en el lugar adecuado y estar más vital.
“La autoobservación objetiva tampoco lleva ninguna carga de aquello de pretender ser bueno de acuerdo a patrones del estilo: “esto es pecado, esto no”, tan arraigado en sociedades conductuales como la nuestra, tan preocupadas del chocante y contraproducente "deberías". Y menos, aquello de “ser más atractivo para que me acepten”. Éstos no son más que engaños, especulaciones del ego que intenta tomar el control disfrazado de buena intención. Para este tipo de cosas, digamos que la auto-observación debe ser también inintencionada. Hay que tener mucho cuidado en no convertir el esfuerzo de salir de las garras del ego, en la búsqueda de hacerse a un superego.
La auto-observación objetiva no tiene pretensión distinta a ser “una luz que brilla en un cuarto oscurecido para revelar nuestra presencia”. Produce mucha fortaleza observarse a sí mismo de esta manera y es una fuerza que sólo puede desarrollarse mediante la práctica. El observar sin juzgar orienta nuestra energía de luz hacia nuestra esencia. Mediante el esfuerzo repetido, constante y atento de ver, oír y sentir que está pasando realmente dentro de uno mismo y en las relaciones de uno con los demás. En toda clase de relaciones: de las más íntimas a las más ocasionales.
Cada individuo tiene su propio conjunto de patrones y artimañas habituales y automáticas, para crearse estados emocionales que le dañan. Cuando descubrimos cuales son y aceptamos esto, sabemos dónde empezar a buscar las emociones auto-derrotantes, que te enganchan más rápida e intensamente. Este conocimiento, es bueno sólo si es llevado a la práctica, a la vida diaria, puede ser el detonante de tu trabajo interno y te guiarán hacia evitar a tu corazón experiencias que continuamente lo arrastran al egocentrismo, agotan su energía y lo desconectan de los demás.
Para comprender una lección y así poder pasar a la siguiente, lo primero es estar consciente en el sentido de darse cuenta y tener una auto-observación, un recuerdo de sí, ejercicio que ya recomendaban a los discípulos de la escuela pitagórica hace unos 2650 años. Lograda ésta, hay que hacer sobre ella una aceptación profunda, etapa donde es normal que haya un poco o un mucho de sufrimiento. Una vez que se llega ahí, y con respecto a ciertas cosas, podemos estar hablando de años porque mientras cada individuo aún sufra, es porque aún no tiene aceptado algo con respecto a su individual experiencia de vida. Por ejemplo, puede no haber asumido y seguir considerando culpable a alguien o algo fuera de él. Pero el que se mortifica es en realidad el ego, porque el Ser Real no sufre. En seguida viene la reflexión, como el pasar toda esa información clarificada de la cabeza al corazón, para que se dé el cuarto paso de pacificación o superación de lo que inicialmente se auto-observó, y así estar listo para ocuparse de otro aspecto propio auto-observado...
Observar sin intervenir para comprender es la clave del auto-descubrimiento. Y es fácil ver que es así: sin observar algo no puedes comprenderlo, si se interviene se distorsiona y lo que observemos será el fruto de nuestra intervención.
Tomado de:http://www.silviafreire.com/autoobservacion.html